El colesterol alto es uno de esos problemas de salud que avanza en silencio. No suele doler, no siempre da síntomas y, sin embargo, puede aumentar de forma importante el riesgo de infarto, ictus y otras enfermedades cardiovasculares. Desde la atención primaria, los médicos del Centro de Salud de San Pedro Alcántara (Costa del Sol), integrado en la red sanitaria pública andaluza, insisten en una idea sencilla: bajar el colesterol no depende de una única medida milagrosa, sino de combinar alimentación, ejercicio, control del peso, abandono del tabaco y, cuando el riesgo lo aconseja, tratamiento farmacológico supervisado.
Los profesionales sanitarios recuerdan que el colesterol es una sustancia necesaria para el organismo: participa en la formación de membranas celulares, hormonas y ácidos biliares. El problema aparece cuando determinadas fracciones, especialmente el colesterol LDL, conocido popularmente como "colesterol malo", se mantienen elevadas durante años. Ese exceso puede depositarse en la pared de las arterias y favorecer la formación de placas de ateroma, que estrechan los vasos sanguíneos y dificultan la circulación. Por el contrario, el colesterol HDL, llamado "bueno", ayuda a retirar parte de ese colesterol y transportarlo hacia el hígado para su eliminación.
La primera recomendación que suele plantearse en consulta es revisar la dieta. En una zona mediterránea como la Costa del Sol, los médicos subrayan que no se trata de comer menos sin criterio, sino de comer mejor. La base debe estar en frutas, verduras, hortalizas, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos en cantidades moderadas y aceite de oliva virgen extra como grasa principal. Este patrón alimentario ayuda a reducir la ingesta de grasas saturadas y trans, dos tipos de grasa que favorecen el aumento del colesterol LDL.

Una alimentación mediterránea rica en frutas, verduras, legumbres, pescado azul, frutos secos y aceite de oliva ayuda a mejorar el perfil del colesterol y a proteger la salud cardiovascular
Entre los productos que conviene limitar están los embutidos, las carnes rojas frecuentes, la bollería industrial, los alimentos ultraprocesados, las frituras repetidas, las salsas muy grasas, la mantequilla, los lácteos enteros si se consumen en exceso y los productos elaborados con aceite de palma o coco. En cambio, se aconseja elegir carnes magras, retirar la grasa visible, cocinar al vapor, al horno, a la plancha o hervido, y aumentar la presencia de legumbres y pescado azul, como sardinas, boquerones, caballa, atún o salmón. También es importante leer las etiquetas, porque muchos productos aparentemente inofensivos contienen grasas de baja calidad o azúcares añadidos.
El segundo pilar es el movimiento. La actividad física regular contribuye a mejorar el perfil lipídico: puede ayudar a bajar el LDL, reducir los triglicéridos y aumentar el HDL. Caminar a paso ligero, nadar, montar en bicicleta, bailar o realizar ejercicios de fuerza adaptados a la edad son opciones válidas. La clave, explican en atención primaria, es que la actividad sea constante y segura. Para muchas personas, empezar con caminatas de 30 a 45 minutos varios días por semana ya supone un cambio relevante. Quienes tienen enfermedad cardiaca, dolor torácico, falta de aire intensa o llevan mucho tiempo sin hacer ejercicio deben consultar antes de iniciar un plan exigente.
El control del peso, la presión arterial, la glucosa y el tabaquismo completa la estrategia. Perder incluso una parte moderada del exceso de peso puede mejorar el colesterol y disminuir el riesgo cardiovascular global. Dejar de fumar es otra medida decisiva, porque el tabaco daña las arterias y reduce la protección cardiovascular. En la consulta, los médicos no miran solo una cifra aislada del análisis: valoran la edad, antecedentes familiares, diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular previa y otros factores. Por eso dos personas con el mismo colesterol pueden recibir recomendaciones distintas.
Cuando los cambios de estilo de vida no bastan, o cuando el paciente ya presenta un riesgo elevado, pueden indicarse medicamentos como las estatinas u otros tratamientos hipolipemiantes. Los profesionales advierten de que no deben tomarse por cuenta propia ni suspenderse sin consultar. La medicación, cuando está indicada, no sustituye a la dieta ni al ejercicio: los complementa. También es fundamental acudir a las revisiones, repetir los análisis en los plazos marcados y comunicar cualquier efecto adverso o duda.
Otra recomendación habitual es no esperar a "encontrarse mal". El colesterol alto se detecta mediante una analítica y su abordaje debe ser preventivo. En adultos con factores de riesgo, antecedentes familiares de colesterol elevado o enfermedad cardiovascular precoz, conviene revisar los niveles con la periodicidad que indique el equipo sanitario. En personas sanas, el médico de familia puede establecer cada cuánto realizar controles según la edad y el perfil de riesgo.
El mensaje final que trasladan los médicos del Centro de Salud de San Pedro Alcántara (Costa del Sol) es claro: bajar el colesterol exige constancia, pero está al alcance de la mayoría de los pacientes. Cambiar el desayuno, caminar más, recuperar platos de cuchara con legumbres, reducir ultraprocesados, cocinar con aceite de oliva, dejar el tabaco y cumplir el tratamiento si se prescribe son decisiones pequeñas que, mantenidas en el tiempo, protegen las arterias. La prevención cardiovascular empieza en la consulta, pero se gana cada día en la mesa, en la calle y en los hábitos cotidianos.





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